The Florida Project: el reflejo de los colores de Disney World

80 grados

En un día como hoy, en el que millones de mujeres se lanzan a la calle para evidenciar realidades invisibles, es conveniente hablar de The Florida Project, una cinta que aún sobrevive en la cartelera de las salas de cine más independientes y que, lamentablemente, también ha pasado desapercibida para la Academia en los Oscars.  Y es necesario hablar de ella porque, entre otras muchas cosas, esta cinta pone de manifiesto el papel de la mujer en una sociedad en las que, en muchas ocasiones, la figura paterna no existe viéndose obligadas a criar, mejor o peor, a sus hijos sin ninguna ayuda, sin ningún referente, sin ningún tipo de desahogo más que la propia valentía de seguir adelante.

Adequate Emily's Reviews

The Florida Project viste de colores, pantalones cortos, helados, risas y juegos espontáneos la cruda realidad que se vive en el motel The Magic Castle, donde familias de Orlando se las ven y se las desean para pagar el alquiler semanal de la habitación en la que residen. Desde este motel de carretera, pintado por completo de lila, se ven aterrizar los helicópteros que trasladan a turistas ansiosos por conocer los atractivos de Orlando, desde sus estrechos pasillos repletos de trastos también se pueden observar los deslumbrantes fuegos artificiales que se lanzan desde Disney World, situado a unos metros de esta orilla desde la que se respira la precariedad en cada rincón.

BFI

Moonee, una maleducada niña de 6 años que eructa, escupe y dice tacos como si tuviera el cuerpo de un camionero, es la protagonista de esta cinta dirigida por Sean Baker, la encargada de agarrar al espectador de su pegajosa mano llena de helado y babas e introducirlo en las entrañas de su barrio, llevarle de safari por el descampado cercano en el que pastan vacas, hacerle entrar en el cuarto de máquinas del motel para hacer una de las suyas y bajar el interruptor de la luz dejando a oscuras a todo el vecindario, recorrer los pasillos repletos de ropa tendida jugando al “tú la llevas” o enseñarle los llamativos locales que se suceden en la carretera plagada de palmeras (una tienda de helado con forma de cucurucho, otra de souvenirs con cara de mago, una frutería con forma de naranja gigante). Un mundo repleto de colores y fantasía, paralelo (por voluntad propia no por falta de conciencia) a la cruda realidad del mundo adulto que la rodea, que ella se ha ingeniado como método de supervivencia.

 

Los días de verano de Moonee se suceden entre carreras y risas con su amigo Scooty y su amiga Jancey, mientras su madre la alimenta a base de gofres robados por su amiga en un restaurante de comida rápida, la lleva a revender perfumes a la puerta de un hotel o le da el almuerzo de extranjis en el buffet de un all included . Una dramática realidad que Sean Baker se las arregla para contar sin un ápice de dramatismo, sin una sola lágrima fácil. Todo lo contrario, The Florida Project respira cotidianidad, alegría, una madre que se equivoca, pero que lo intenta una y otra vez, una niña que sabe que no todo va bien, pero que baila bajo la lluvia, se pone el disfraz de gamberra ante la adversidad y se ríe y mofa ante los castigos y las desgracias.

Eldiario.es

Sean Baker, con esta película de tintes wesandersonianos, pone sobre la mesa controvertidos temas como la retirada de la custodia, las desigualdades sociales que se viven en la tierra del sueño americano, el difícil papel de las familias que no pueden ir a Disney World, en su mayoría conformadas por madres solas, que viven asfixiadas y también pone de relevancia la importancia de esa figura de infinita paciencia y con el don del equilibrio, que no juzga, que comprende, que sabe ver más allá y que intenta poner orden dentro del caos del Magic Castle, encarnada por el grandísimo Williem Dafoe.

Una película que hace reír, que coloca al espectador en un lugar incómodo, que invita a la reflexión, a la reformulación de los prejuicios y que al final lo agarra de un pellizco en el estómago. Un puñetazo, en forma de colores pasteles, que despierta conciencias y que enseña cómo lo deprimente no impide poder disfrutar de los fuegos artificiales desde la orilla.

Escrito el
Difúndelo por el universo:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn