Con 17 años no puedes ser formal. “Jeune & Jolie” o la contradicción para llegar a la verdad

Jeune-Jolie-18

On n’est pas sérieux, quand on a dix-sept ans.
– Un beau soir, foin des bocks et de la limonade,
Des cafés tapageurs aux lustres éclatants !
– On va sous les tilleuls verts de la promenade.

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Nuit de juin ! Dix-sept ans ! – On se laisse griser.
La sève est du champagne et vous monte à la tête…
On divague ; on se sent aux lèvres un baiser
Qui palpite là, comme une petite bête…

(Con diecisiete años, no puedes ser formal.
-¡Una tarde, te asqueas de jarra y limonada,
de los cafés ruidosos con lustros deslumbrantes!
-Y te vas por los tilos verdes de la alameda.

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¡Diecisiete años!, ¡Noche de junio! -Te emborrachas.
La savia es un champán que sube a tu cabeza…
Divagas; y presientes en los labios un beso
que palpita en la boca, como un animalito.)

Arthur Rimbaud – Roman (Aventura)

Como dice Rimbaud y como recitan los niños de la clase de Isabelle, la prota de Jeune & Jolie, con 17 años no se puede ser serio. Y es que ahora, por lo que se ve, los cineastas se han empeñado en hacernos ver que todos los institutos franceses se han puesto de acuerdo para que sus alumnos entren en la universidad con un máster de Literatura. No tenía ni idea que las clases de Literatura en los institutos fuesen tan intensas y románticas. Mi recuerdo es muy diferente. Pero parece ser que en Francia sí, o al menos en películas de cineastas franceses sí, ese romanticismo impartido en horas lectivas se ha convertido en necesario en esta o en otras películas francesas, como La vida de Adèle, para acompañar a sus personajes, adolescentes complejos, que se escupen a sí mismos de la normalidad, para adentrarse en nuevos mundos y experimentar con sus cuerpos. Por eso, el instituto, como institución adoctrinadora (tanto por los componentes, en ocasiones crueles, que la conforman como por su contenido) o la figura de la madre, abofeteando a su hija cuando esta la llama puta, son imprescindibles para dar verosimilitud a esta historia e intentar encajar de nuevo a su melancólica protagonista en los cauces de la normalidad adolescente.

A lo largo de esta película, que en algunos momentos recuerda demasiado a la mítica La vida de Adèle (los momentos de inhibición de la protagonista acompañados de música pegadiza en una fiesta para mostrar la inocencia, en el fondo, de su juventud o los primeros planos de los carnosos labios de sus personajes principales, entre otros aspectos), vemos los esfuerzos de una familia, una sociedad e incluso a veces de la propia protagonista por vivir lo que toca, lo que le tocaría a una niña de 17 años. Pero parece ser que los primeros achuchones, la adrenalina del coqueteo con las drogas, la curiosidad por experimentar con el cuerpo de otros en una fiesta o con un amor de verano en la playa no satisfacen a esta joven y bonita niña, que está por encima de todo eso, y cuya actitud altiva y seguridad engañan hasta al más exigente de sus clientes. Finalmente, decide construir su propio mundo en soledad, alejada de las reglas morales.

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Isabelle, la protagonista de Jeune & Jolie, representa la envidia de lo que muchas en su vejez quisieron hacer y por falta de valentía no pudieron, la amenaza de la juventud que sienten otras tantas que no pueden competir por verse en inferioridad de condiciones físicas, el vicio en el cuerpo (como la describe su madre), la ternura que exige alguno de sus clientes, el desamparo de una niña bien que lo ha tenido todo, el enigma de los orígenes de nuestros deseos más profundos, la naturalidad a la hora de hacer caso a nuestros impulsos más primarios.

Jeune&Jolie es una película que cuida al máximo todo tipo de detalles, los franceses son así; la habitación de la casa de verano de la protagonista no es una habitación cualquiera, en ella hay detalles para que el espectador que sepa, los aprecie. Los tonos azules con los que el director de la película, François Ozon, viste a sus personajes no son casuales, guardan coherencia con el estilismo de la casa, con el tono de la iluminación, con las prendas del resto de personajes. El cariño con el que define el personaje del hermano pequeño de Isabelle, Víctor, (Fatin Ravat), también es destacable. Representa el punto de vista de un observador, que cuida de su objeto deseado, alguien que trata de entender a la protagonista, a pesar de su corta edad, y que la protege y quiere sobre todo; la única persona que se abstiene de juzgar. En cierto modo, se podría decir que encarna la figura de un padre que no existe y por el que se pregunta en varias ocasiones a lo largo de la historia, buscando un posible culpable de la extraña conducta de la chica.

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El motivo por el que esta adolescente guapa, que lo tiene todo, decide prostituirse no se desvela en toda la historia, pero, estoy de acuerdo con Boyero en que hay otras muchas razones por las que esta película merece ser vista (aunque haya ocasiones en las que apetezca taparse los oídos para no escuchar una banda sonora con tintes retro que en algunos momentos consigue ser irritante y ñoña). A pesar del tema que trata, esta película contiene mucha sensibilidad y ternura, como dijo Cocteau de un poema de Genet: “Su obscenidad nunca es obscena”.  Pasa lo mismo con Isabelle, su naturalidad es tal, que en raras ocasiones te da pie a juzgar la conducta del personaje, te dejas llevar por él, ya que es capaz de contagiarte la adrenalina de la intriga. Además, por muy duro que resulte para el entorno que la rodea y por mucho que sorprenda, su historia no es más que la de alguien buscándose a sí mismo;  como dice Patti Smith en sus memorias: “Aprendí que, a menudo, la contradicción es el camino más diáfano para llegar a la verdad”. A menudo es así. En esta peli también.

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