“SpringBreakers”, la trascendencia de Britney Spears

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Este film propone una premisa que bien pudiera ser el comienzo de una comedia soft-erótica a la americana: cuatro chicas, aburridas niñatas sin un pavo en el bolsillo, planean viajar en las vacaciones universitarias de primavera (el famoso Spring Break), para desfasar en Miami con el resto de la muchachada universitaria made in U.S.A.

Y sin embargo, en este “omnia vanitas” de fiestas destroza hoteles, alcohol, bikini y drogas, se va forjando una idea poderosa y atemorizante: en el mundo del minimum-wage y la crisis eterna, el desfase autodestructivo es en el fondo una y única vía de realización espiritual para una generación desapegada de la religión e incluso de la idea de triunfo profesional “american-dreamiano”.

“It was really great. I think we found ourselves here…We saw some beautiful things here. Things we’ll never forget..”- Faith (Spring Breakers)

Así cuando las protagonistas se niegan a abandonar este Sangri-La del buen tiempo, la fiesta y la amistad, chocan (de nuevo) con una realidad rotunda: como no podía ser de otro modo, el motor de este Nirvana es el dinero, y será necesario un Mefistófeles que les permita permanecer en el sueño.

Este papel lo encarna, “Alien” (James Franco), un “Scarface” de casa mata, rapero de baja estofa y narco en expansión, que las pondrá en su senda para escapar de la trampa capitalista de la única manera posible, mediante la sublimación: el modo de romper con la obsesión por el dinero es teniendo mucho, tanto que ya no importe, tanto que sea algo vulgar, que se pueda arrojar, que se pueda dormir con él. Hay que tener gorras de todos los colores, colonias Calvin Klein y pantalones de diseño.

“This is the fuckin’ American dream. This is my fuckin’ dream, y’all! All this sheeyit!”- Alien (Spring Breakers)

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En este aspecto, Spring Break se sitúa en la órbita de sus primas lejanas: American Psycho y Fight Club: ante la misma sensación de vacío social estos “spring breakers” se entregan a la ultraviolencia, las drogas y el amor. Todo ello sin que nunca dejemos de sentirnos a gusto con los personajes, en principio tan fácilmente detestables y que sin embargo nunca dejamos de comprender. Aquí, el elenco femenino de ex-chicas Disney, que a priori podría espantar algunos, funciona sorprendentemente bien, destacando a la “ex-High Scholera” Vanessa Hudgens, con una expresión de bitch irreductible que da miedo. Mención aparte para James Franco, simplemente grandioso en un personaje  chocante y al que sin embargo es capaz de dar un carácter humano y de empatía constante.

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Estamos ante un film de sensaciones, cercano a la performance onírica, donde el atrevido montaje nos muestra el flujo de los hechos de una manera cuántica, centrándose en uno u otro de los protagonistas a lo largo de diferentes tramos y saltando desde el pasado cercano al futuro siguiendo los miedos y pensamientos de los protagonistas. La cámara, la elección del color “post-PRIMARK” y una banda sonora potente (destacando los temas de Skrillex) terminan por convertir a esta obra en una especie de “Delgada Línea Roja” meets “Enter the Void” meets “American Pie”: ¡Just crazy bro!

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Muchas más ideas caben en este saco extraño que es Spring Breakers: la esencia del mal, el abandono de Dios, el sometimiento al eterno femenino y la profundidad de las canciones de Britney Spears. Interesante apuesta por tanto, que puede ser disfrutada (con diferentes interpretaciones) por público choni y cinéfilo, y donde su limitada exhibición en estreno y la justa popularidad ganada a posteriori la convierten en una buena candidata a convertirse en película de culto de los próximos años.

“This one’s by a little known pop singer by the name of miss Britney Spears. One of the greatest pop singers of all-time, and an angel if there ever was one on this earth. – Alien (Spring Breakers)

Escrito el
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