Festival de Cine Fantástico de Málaga 2017 (I)

Un año más en el Festival de Cine Fantástico de Málaga (Fancine) y unas cuantas películas disfrutadas. Entre lo mejor de este año, destaco la extraordinaria ganadora del Premio de la Universidad de Málaga al mejor largometraje, Let the Corpses Tan; también Better Watch Out, Thelma o Blade of the Immortal. Aquí va la primera parte de mi resúmen:

Kaleidoscope

Nacionalidad: Reino Unido

Dir.: Rupert Jones

Un thriller psicológico sobre la destructiva relación entre un hombre de mediana edad y su madre.

La contenida y sobria interpretación del siempre excelente Toby Jones (bien arropada por la réplica de unas Anne Reid y Sinead Matthews en dos roles secundarios que se complementan entre sí por oposición) puede ser el mayor reclamo de Kaleidoscope, estimulante estudio minimalista en clave de thriller de las pulsiones y motivos en torno al personaje-arquetipo a lo Norman Bates, esto es, el criminal solitario con conflictos edípicos en sangriento punto de ebullición. A destacar, la sensibilidad con que la puesta en escena expone los espacios (la pequeña vivienda del protagonista, el jardín en que trabaja…) como representación de traumas y pulsiones homicidas.


The Maus

Nacionalidad: España

Dir.: Gerardo Herrero Pereda

Alex y Selma son una pareja enamorada que viaja al corazón de Bosnia-Herzegovina. De repente, Selma siente que algo los está persiguiendo. Ella se aferra a su amuleto musulmán, causando que una misteriosa fuerza emerja del bosque.

Lo que The Maus tiene de thriller de supervivencia puede despertar interés, sobre todo, por su realización, compuesta de planos secuencia que, en su movimiento y su uso del desenfoque, parecen emular la mirada de un espectro que ronda a los personajes protagonistas. Esta decisión estética contrasta con el realismo que busca el resto de la puesta en escena (no siempre con éxito) y complementa los fogonazos de fantástico que aderezan la historia que cuenta: una alegoría política sobre la Guerra de Bosnia (encarnada en la cinta como fantasmagoría asesina y cruel), en la que una pareja, en clara representación de la Europa de dentro (ella) y de fuera (él) del conflicto, es hostigada por dos militares serbios con los que se topan en mitad de un bosque bosnio lleno de minas.

El trauma que deriva de la memoria de la guerra, las víctimas de la misma y los monstruos que la llevaron hasta sus extremos es el tema de The Maus, pero la distancia entre sus pretensiones por trascender el relato y la calidad del relato en sí la vuelven una obra conflictiva, a pesar de sus notables valores. Y es que en The Maus, por desgracia, no hay apenas progresión dramática en ningún personaje, y nunca nos sentimos realmente cerca de esa pareja en situación límite. Todo parece centrado en forzar al espectador a atender al subtexto, dejando de lado lo importante (la historia, el conflicto) y haciendo que veamos a sus protagonistas más como representaciones que como personas.

Aun así, es una película con interés y algunas escenas realmente tensas en las que la atmósfera de pesadilla, muy lograda gracias a un sólido trabajo de sonido y fotografía, cumple su objetivo de incomodar y perturbar. En definitiva, y a pesar de sus reservas, una cinta recomendable.


Cold Hell

Título original: Die Hölle

Nacionalidad: Alemania

Dir.: Stefan Ruzowitzky

Una mujer es testigo de un asesinato en el piso de un vecino, pero el criminal también la ha visto y su vida se convierte en una pesadilla según intenta protegerse. La policía no la ayudará, pero un detective le dará cobijo…

El realizador Stefan Ruzowitzky regresa a sus orígenes como director de cine de videoclub, aquellos en que rodara películas como Anatomía (Anatomie, 2000), para contar la historia de Ozge, una endurecida taxista y luchadora de kickboxing musulmana, que, tras presenciar un violento asesinato en el conflictivo vecindario en el que vive, deberá defenderse de la persecución a la que le somete el sádico responsable. Cold Hell sigue ciertas directrices del cine “rape and revenge”, especialmente en lo que se refiere al empoderamiento de su protagonista absoluta, encarnada por Violetta Schurawlow. Es ella, a través de una interpretación física y esforzada, lo que da el verdadero espectáculo a una cinta que funciona como disparate morboso con carácter y espíritu de explotación de serie B lastrada a ratos por un guion irregular e inversímil.


Let the Corpses Tan

Título original: Laissez bronzer les cadavres

Nacionalidad: Bélgica

Dir.: Hélène Cattet & Bruno Forzani

Verano en el Mediterráneo: el mar azul, un sol de justicia… ¡y 250 kilos de oro robados por Rhino y su banda! Han encontrado un escondite perfecto: un pueblo abandonado, lejos de todo, habitado únicamente por una artista en busca de inspiración. Por desgracia, algunos invitados sorpresa y dos policías frustrarán su plan: este paraíso, escenario habitual de orgías y acontecimientos salvajes, se convertirá en un verdadero campo de batalla… ¡despiadado y alucinante!

Si Amer (2009) y El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo (L’étrange couleur des larmes de ton corps, 2013), los dos anteriores largometrajes de la pareja de cineastas Hélène Cattet y Bruno Forzani, partían de la intención de reducir tanto el giallo italiano como varios de los géneros y tendencias formales con que habitualmente se asocia (el thriller erótico, ciertas ramas del fantastique, el Grand Guignol o el cine gore) a formas audiovisuales químicamente puras que constituyesen, en sí mismas, el fondo, Let the Corpses Tan pretende lo propio con las esencias, sobre todo, del poliziotteschi y del spaghetti western. Los usos ya reconocibles de Cattet y Forzani (ese manierismo extremo en la puesta en escena, abrumador, cercano al cine experimental, de ritmos y sonidos violentos, encuadres opresivos e imágenes alucinadas, ancladas a la mirada subjetiva de los personajes), sirven aquí para crear un diálogo metacinemagráfico en el que se recoge la relación fascinada (y fascinadora) entre los arquetipos del género (el forajido amoral, el defensor de la ley o la femme fatale, entre otros) y el propio género, de espíritu ultrarromántico, sexual y trágico.

La impresionante evolución de Cattet y Forzani respecto de su trabajo anterior convierte a Let the Corpses Tan en su obra maestra definitiva, aquella que con más riqueza, acierto y afán de goce cinéfago reflexiona sobre la estética de un cine ya desaparecido, mítico. Por su condición de thriller deliberadamente abstracto, hablamos de una película que puede ahuyentar a un rango bastante amplio de público, pero que ofrece un espectáculo insólito a quien acepte participar de su juego. Para la memoria: esa mujer desnuda cubierta de oro, ese caballo de cráneo humano y la recuperación del tema “Sunny Road to Salina” de Christophe, que ya empleara años atrás Quentin Tarantino en Kill Bill: Vol. 2 (2004).


Love Me Not

Nacionalidad: Grecia

Dir.: Alexandros Avranas

Una pareja contrata a una joven inmigrante como vientre de alquiler y la lleva a su preciosa villa. Mientras el hombre está fuera trabajando, la mujer y la chica empiezan a intimar, disfrutando del estilo de vida acomodado de la pareja. Pero tras su alegría forzada, la mujer parece cada vez más deprimida. Un día, después de unas cuantas copas con la chica, sale a conducir. A la mañana siguiente, el marido recibe una llamada: su mujer está muerta, han hallado su cuerpo calcinado en su coche siniestrado.

En Love Me Not encontramos una muestra de eso que entre algunos críticos se ha vuelto moda llamar “cine de la crueldad”. Desde luego, pareciera que el realizador Alexandros Avranas hubiese oído campanas en relación con este este tipo de cine al rodar Love Me Not, filme de gélida y distanciada puesta en escena, semejante a la de la obra de Giorgos Lanthimos, poblado de personajes jacobinos y argumento disparatado (que se siente justificado por su propio cinismo). Una película tediosa, con pocos valores reales y de la que solo destacaría a su actriz principal, Eleni Roussinou. Pretendidamente, cine “de calado”, pero que al que aquí suscribe le pareció de lo peor del festival.


Downrange

Nacionalidad: Estados Unidos

Dir.: Ryuhei Kitamura

Atrapados en mitad de una carretera de las montañas, un grupo de amigos se convierte en el objetivo de un francotirador.

Downrange acierta al privar a su psicópata de dimensiones humanas y fracasa por la misma razón en lo que se refiere a sus protagonistas. También es cierto que a su director, el japonés Ryuhei Kitamura, ya todo un artesano del cine de terror hemoglobínico, esto no parece interesarle en lo más mínimo, pues a lo que juega es a satisfacer, con toda la espectacularidad que admita el presupuesto y litros de sangre, la sed de violencia del público aficionado al survival furioso, nihilista y no poco cínico. Lo justo es decir que deberíamos exigir algo más de películas como esta, con guion de derribo y excesos complacientes, pero no sería honesto negar lo divertidas que resultan cuando te coge el día tonto.


Better Watch Out

Nacionalidad: Australia

Dir.: Chris Peckover

En una tranquila calle suburbana, una niñera debe defender a un niño de doce años de unos intrusos, sólo para descubrir que la situación está lejos de un allanamiento de morada normal.

Un feliz caso de película que emplea la nostalgia cinéfila con el objetivo de construir algo y no como simple método para crear complicidades con la audiencia. Better Watch Out hace con el recuerdo de Solo en Casa (Home Alone, 1990) algo parecido a lo que la serie Rick y Morty hace con el de Regreso al Futuro (Back to the Future, 1985): trastear con la memoria de un famoso filme (y con sus productos derivados menos célebres) por la vía de la mala leche, y potenciar así un juego de expectativas con la audiencia. Más allá de coartadas posmodernas, le película funciona muy bien, sobre todo, por su carácter, su macabro sentido del humor y su ritmo. Conviene no desvelar más de la cuenta, pero fue una de las proyecciones más agradecidas a las que asistí en este Fancine 2017.


Happiness

Nacionalidad: Japón

Dir.: SABU

Kanzaki llega a una tranquila ciudad japonesa. Lleva con él un extraño casco que funciona como una máquina de la felicidad, que utiliza en una comerciante anciana. Tan pronto como presiona los botones, la mujer recuerda momentos felices olvidados y se vuelve mucho más alegre. Pronto, toda la ciudad quiere experimentar con la máquina, pero ¿por qué Kanzaki parece tan triste?

Una original premisa de inteligentes intenciones pero que va perdiendo interés conforme altera su tono, pasando de la comedia satírica al thriller. El director de culto Hiroyuki Tanaka (que firma siempre con el nombre de SABU) suele compaginar y curvar mejor que en este caso la comedia y el drama en sus películas, pero en Happiness, que trata precisamente de la fina línea que separa la felicidad de la desgracia, solo consigue hacer realmente atractiva una de estas dos mitades, dando lugar a una película correcta pero algo decepcionante.


Dhogs

Nacionalidad: España

Dir.: Andrés Goteira

La intimidad de una habitación de hotel, la inmensidad de un desierto, una gasolinera desolada. En estos escenarios ocurren crímenes horribles bajo la mirada fría de los protagonistas inesperados que muestran los lados más oscuros, retorcidos y perversos de la existencia humana.

Cuanto más recuerdo Dhogs, más crece en mi memoria. El pastiche de géneros que propone resulta estimulante por contraste, y aunque a veces encontremos diálogos poco inspirados o soluciones de planificación pedestres (en justicia, parece que debidas a un bajo presupuesto), el director Andrés Goteira consigue dotar cada escena de un tono que otorga solidez y valores a conjunto. Aunque imperfecto, este inclasificable debut rodado en gallego bien vale un vistazo.

CONTINUARÁ…

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