El ‘wild side’ del Nueva York transgénero

 

Fotograma de I hate New York

Si al eslogan I love New York se le da la vuelta sale otra cara de una ciudad alejada de los focos. La cruz de ese lema que se ve en tazas, camisetas y demás merchandising de la capital del mundo bien podría colocarse en un I hate New York, que es el título de un documental sobre la cultura transgénero post 11-S en la ciudad de los rascacielos. 

Gustavo Sánchez (Ubeda, 1970) cogió su cámara doméstica y en el transcurso de diez años se sumergió en el mundo trans de Nueva York en busca de personas que construían su identidad ajenas a las normas dominantes. El resultado se ha visto ahora en un documental que se presentó en la ultima edición del Festival de Cine de Málaga y que sigue la pista a cuatro de ellas: Chloe Dzubilo, Amanda Lepore, T De Long y Sophia Lamar. 

A lo largo de su hora y cuarto de duración, el documental incluye unos giros en la trama tan sorprendentes que parece ser fruto de una imaginativo guion, pero que reflejan la trayectoria de las cuatro protagonistas a lo largo de la década de pelea por la identidad, activismo social, lucha antisida, arte underground en ocasiones algo inocente. También las dosis de egocentrismo, frivolidad y divismo que humaniza un mundo que al espectador se le antoja muy complicado.

Fotograma de I hate New York

I hate New York tiene una banda sonora envolvente en la que destaca la banda Arca, vídeos de performances y del grupo The Transisters, con su visceral punk trans que sirve también de contrapoder al glam consagrado dentro del mainstream. 

El documental deja un sabor amargo (evitar spoilers obliga a no explicar aquí por qué) pese a que a lo largo del mismo los cuatro personajes muestran cómo se han situado en una ciudad tan atrayente como hostil. Sus personajes se mueven entre la superficialidad y el heroísmo, a veces con una máscara provocadora y en otras abriendo sus vidas hasta lo más íntimo.

El director de la cinta no quiso ver a lo largo de su extenso proceso creativo el documental Paris is burning (1990), mítica narración del mundo dance  neoyorkino de los años 80, en el que el movimientos trans tenía un apartado destacado. Sí admite influencias de otros experimentos, como la exitosa, excéntrica y divertida Shortbus (2006), de John Cameron Mitchell, que se centraba en un local de sexo alternativo en el confuso Nueva York pos 11-S imbuido por el conservadurismo ya en decadencia de la era Bush.

Fotograma de I hate New York

Es ese mismo ambiente del que parte I hate New York, en el que Gustavo Sánchez empezó a grabar y que ahora presenta en plena era Trump tras el espejismo de Obama, lo que lo convierte, quizá sin quererlo, en una bomba política. Acumuló metraje hasta que cayó en manos de la productora de los hermanos Bayona, tan deliciosamente camaleónicos que en el pasado Festival de Málaga presentaba Carlos esta cinta mientras Juan Antonio explicaba por otro lado cómo era trabajar con Steven Spielberg en el nuevo capítulo de los dinosaurios del Jurassic. En el documental, la cámara recorre con naturalidad clubes, calles, viviendas y estudios de arte que sirven como escenario al recorrido vital de sus protagonistas.

 

La cinta  se convierte, quizá sin quererlo, en una bomba política

 

Nueva York, ciudad a la que cualquier espectador de cine conoce casi como si fuera su casa, no deja de sorprender y aquí hay un retazo más para componer el poliédrico cuadro de la ciudad, a veces más amable y a veces menos. El underground se ha ganado en las últimas décadas ser tan emblemático para esta urbe como Wall Street, Central Park, el aburguesado Village o el Brooklyn asolado por el exhibicionismo hípster.

El mundo trans tuvo su época dorada desde La Factoría de Andy Warhol, se asomó a la literatura de Burroughs, pobló la letra de Walk on the wild side de Lou Reed e incluso se asomó al rock de la mano de experimentos glam como The New York Dolls. Sin embargo, esas muestras hoy tan reconocidas que pueblan museos o suplementos culturales, no han quitado un ápice de tensión underground a las cuatro protagonistas de I hate New York: radicales, insobornables y especialistas en vivir sin red.

Rueda de prensa de presentación en el Festival de Málaga

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