Con plumas y ritmos salvajes, Crystal Fighters recuperan la música bailable

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Llegaron pasada la media noche, cuando la humedad y el sueño ya estaban calando en un porcentaje importante de los 10.000 asistentes al 101 Sun Festival, celebrado en Málaga. Sonaban los Black Rebel Motorcycle Club, pero no de la manera que muchos esperaban, en mitad de la frustración, decepcionados de escuchar a una Russian Red sosa, apática y con ganas de irse y las manos pegajosas del rocío, empezaron a sonar las primeras notas salvajes de Solar System, de esa tribu mágica llamada Crystal Fighters, que mucho recuerda al vestuario del Rey León, y que, de un salto, levantaron a los perezosos sentados en el césped para formar una concentración importante en el escenario principal. Entonces, las primeras plumas y el torso desnudo del guitarrista Graham Dickson aparecieron en el escenario trayendo consigo el calor, el ritmo y la energía necesarios en una noche que hasta ese momento había destacado por ser mayormente apática.

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Empezaron muy fuerte, ya en la segunda canción tocaron la tan esperada Follow, que sirvió como aperitivo de no uno, ni dos, sino muchos platos fuertes. No daban tregua, canción tras canción mantuvieron dando saltos a un público deseoso de bailar y desatar la energía contenida de los conciertos anteriores: salvando el de Amaral, donde la gente pudo darse cuenta que estaba en un festival  de música con ya míticas canciones como Revolución, Moriría por vos o la nueva y reivindicativa Ratonera (mención especial me gustaría hacer a Eva Amaral, que siempre sabe dar  a su público lo que espera y demuestra en cada concierto que es una auténtica profesional de la música, a diferencia de otras estrellas de la música, cuya modernidad a veces roza la falta de respeto a su público).

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Volviendo a los Crystal Fighters, que pusieron la guinda final a un Festival que ha visto la luz este año y que ha obtenido muy buena respuesta, tanto por su público local como por el resto de España e incluso el extranjero, llegaron en el momento adecuado y como eran esperados, la combinación resultó perfecta. Temas tan pegadizos y bailables como Plage, Xtatic Truth o La Calling sonaron en una noche alumbrada por una desquiciante luna llena al tiempo que Graham Dickson nos recordaba todo lo ficticio que tiene el futuro y todo lo real que es el presente.

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El concierto de los Crystal Fighters fue una clara muestra de lo que pretende este festival, que ha colgado en su cartel a grupos internacionales como Franz Ferdinand: a mi izquierda, un grupo de inglesas saltaban desesperadamente al ritmo que marcaba la tribu Crystal Fighters y, a la derecha, otro grupo de malaguitas en su versión más indie tampoco vacilaba en corear himnos como I love London, orgullosos de, por fin, tener la oportunidad de escuchar en directo su música favorita en su propia ciudad, sin necesidad de quebrarse la cabeza buscando medio de transporte o alojamiento. El 101 Sun Festival, con sus más y sus menos, con sus cosas de principiante y con sus ganas de mejorar en próximas ediciones, era necesario, ha tardado en llegar, pero por fin tenemos un festival de música independiente en Andalucía. El fin de fiesta habría sido mejorable, los djs Kill the Hipsters se quedaron con las ganas de hacer bailar a un público, que acababa de rellenar sus minis de cerveza y estaba ansioso de seguir la estela musical que habían dejado los bailables Crytal Fighters, porque la música, como en las tribus, está hecha para bailar, igual que los festivales. Pero todo esto es perdonable porque el 101 Sun Festival lo ha sabido compensar muy bien, con la elección de un recinto idóneo, buena distribución de los espacios, buen cartel y una buena sombra donde cobijarse durante el día y escuchar música del mismo nivel que el resto del cartel: el centro de creación La Térmica. Como todo, mejorable, pero muy a la altura para empezar.

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