Nacho Vegas nos invita a resituarnos

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Puede parecer que sí, pero Resituación, el nuevo disco de Nacho Vegas, no es más de lo mismo. Aunque el costumbrismo en las letras, la cotidianidad, los personajes concretos y los guiños a Gijón y a los gijoneses siguen estando ahí, la actitud es nueva. Hay tristeza pero también enfado. Y mucho. Resituación es una pequeña joyita cargada de mala leche, acidez, humor y nostalgia. Una declaración de amor a una ciudad, pero sobre todo, una declaración de principios e intenciones.

Las buenas películas tienen buenos títulos de crédito y lo mismo sucede con los buenos discos. Indefensos es una intro que no necesita palabras para definir las sensaciones con las que nos vamos a encontrar a lo largo de los 10 siguientes temas. Entre quejumbrosa y épica, suena a llanto, a protesta, a rebeldía y, sorprendentemente, un poquito a western. Funciona como preludio y es mucho más reveladora de lo que puede parecer en una primera escucha. Bienvenidos.

Cruzamos el umbral y nos encontramos de lleno con el primer single. Una melodía fácil, alegre, como de canción de patio de colegio contrasta con una letra incisiva y burlona que nos habla de una sociedad hastiada, gris y hasta ridícula. Por Actores poco memorables desfilan una serie de personajes con nombre propio y vidas grises que ilustran un panorama social de lo menos alentador. Entre este particular circo humano no falta su creador, que se incluye en la comitiva riéndose de sí mismo y poniéndose el traje de chico triste y ambiguo. “Por ahí llega Nachín con otra lúgubre canción. Se cree especial pero no lo es, miradlo bien. Es medio maricón y se meaba en la cama hasta los diez. Este es su ratín de gloria, no empañemos una bella historia hablando de él”.

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Es en Polvorado donde Nachín afila por primera vez las armas para hablar sin medias tintas de un tema que en este país es tendencia: la mentira. La letra, en una primera parte derrotista va sacando las uñas hasta llegar a un cierre en el que solo queda mala hostia. “Polvo somos, lo sabemos y en pólvora nos convertiremos”.

Un alto en el camino que nos sirve para tomar aire antes de seguir sumergiéndonos en asuntos más serios es Rapaza de San Antolín, un homenaje tierno y cariñoso a la cantante también asturiana Lorena Álvarez. Aunque para mí su música suena a El tamborilero en modo bucle, a otros —véase el Señor Vegas— parece gustarles. Pues muy bien.

Pasado este momento amistoso, entramos de lleno en Gijón, una ciudad de la que ya no saldremos hasta el final del disco. Inspirada en Devil Town de Daniel Johnston, Ciudad vampira —con intro de Mursego— dibuja “la ciudad más triste que jamás una mente triste pudo imaginar”. Entiendo esta canción como un reclamo disfrazado de historieta, una petición de cambio y un canto ahogado a la esperanza. Ciudad vampira es, en esencia, una declaración de amor localizada —se suceden lugares concretos: la avenida Schulz, el Molinón, Alimerka…— pero extrapolable a cualquier otro lugar. Y es que en todas partes hay vampiros a los que matar.

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Llegamos al ecuador y Nacho ataca de nuevo. Runrún es una invitación —o incitación— a la reflexión y un llamamiento a la lucha. Encontramos por primera vez el título del disco en una letra que viene a decirnos algo así como aquí se está gestando algo gordo, amigos, y algún día explotará en vuestra cara”. Los coros de Ladinamo y el Patio Maravillas la convierten en un discreto himno, en mi opinión, sublime.

Antes de retomar la actitud de protesta y descontento que marca la hoja de ruta de Resituación, Nacho nos da una tregua de tres canciones. La primera de ellas, Adolfo Suicide —dedicada a un amigo que diseñó el arte de alguno de sus trabajos—, es la más roquera y una de las más ácidas del álbum. Justo después llega la nota nostálgica y naïf, también necesaria. Luz de agosto en Gijón es una preciosa pieza de poco más de cuatro minutos que nos habla de la búsqueda de la felicidad. Una canción b-o-n-i-t-a con todas las letras que puede, o bien quedarse en eso, o trascender un poco más para arrancar lagrimillas y encoger corazones. Aquí —¡lástima!— llega el que para mí es el único patinazo del álbum. Libertariana song es una inesperada e innecesaria sorpresa en forma de ritmos tropicales añejos, como de crucero de jubilados, que no se sabe muy bien qué pinta ahí.

Menos mal que el paso por el mundo de las maracas es breve y no tardamos en regresar, con Un día usted morirá, a la línea desencantada y maravillosamente sucia trazada por el disco.

Como cierre y broche de oro, llega la que probablemente sea mi preferida. La vida manca es una crítica gamberra y descarnada a la realidad política y a la crisis cotidiana. La crónica de un día en la vida de quien no puede más y acaba sucumbiendo al “desparrame”. Un paseo por lugares emblemáticos de Gijón con chistes solo comprensibles por autóctonos y menciones a estrellas de la canción que no salen bien paradas.

Resituación suma un total de 11 temas que, con sus más —Luz de agosto en Gijón, La vida manca— y sus menos —Libertariana song— nos ofrecen una visión comprometida y mordaz del panorama social. Nacho Vegas, menos romántico que reivindicativo, fiel a su sentido del humor y al elemento costumbrista, utiliza la canción popular de forma más evidente que nunca como herramienta de denuncia. Y llegados a este punto, solo cabe preguntarse: “¿no hace hoy un día precioso para explosionar?”

Escrito el
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