Lucía Rey Trío: bendito trance

 

BOGUI 1

El último sábado de marzo la sala Bogui Jazz de Madrid acogía el concierto de Lucía Rey Trío, una formación joven pero experta que presentaba su primer disco, Reflexion. Fuera llovía, los coches circulaban con torpeza, la gente abría sus paraguas y metía las manos en los bolsillos. Dentro… dentro se paraba el tiempo.

No tengo ni idea de jazz, lo reconozco. Soy una absoluta analfabeta. Me sacáis de los cuatro nombres que me tienen que sonar porque habito en el planeta Tierra y tengo contacto con otros seres que respiran y ya me pierdo. Por eso no me animaba a escribir unas líneas sobre lo que pasó la noche del sábado 25 en la sala Bogui Jazz de Madrid. Básica y asépticamente, Lucía Rey Trío, formación en la que ella toca el piano, Fernando Lamas la batería y Ricardo Alonso el contrabajo, presentaban su disco Reflexion, nacido de una exitosa campaña de crowdfunding. Pero ¿cómo iba yo a relatarlo sin saber mencionar referencias, sin identificar estilos, sin aportar ningún conocimiento? Parecía pretencioso valorar sin ojo crítico. O al menos sin ojo crítico graduado.

JAIME MASSIEU

Pero después de darle algunas vueltas decidí asumir el reto. Que veréis: en mi caso no consiste en hacer un análisis metódico, quirúrgico y consciente del producto, sino en intentar poner en palabras cómo las tres personas que lo crearon, al defenderlo sobre el escenario, me pusieron del revés, me emocionaron y me sacudieron, me levantaron del suelo y me rompieron las entendederas en trocitos muy pequeños. En esa sala comprendí que solo cuando algo surge de la auténtica pasión, del talento desbocado y de las tripas impacta en quien lo devora sin intervención de lo racional, de lo técnico, de lo humano.

No me malinterpretéis: detrás del trabajo de estos tres músicos hay mucha formación, miles de horas de ensayo, un auténtico dominio del instrumento. Tanto, que cuando cada uno de ellos lo toca parecen fusionarse con él, y de sus brazos y sus piernas nacen un piano, un contrabajo y una batería que no son menos parte de ellos que sus propias extremidades. Lo que quiero decir es que el gesto de Lucía, los dedos de Ricardo, la mirada de Fernando evidenciaban algo mucho más intenso que una buena interpretación durante el concierto: ¡estaban en trance! En un trance maravilloso que los conectaba con las teclas, las cuerdas y las baquetas, que los conectaba entre ellos como si hablasen por telepatía, y los conectaba con nosotros, el público, que nos sumábamos a ese trance consonante y febril solo roto, entre tema y tema, por los merecidos aplausos. Ellos, conocedores de la norma, de la partitura, de la convención se permitían, con la seguridad del que controla el tempo y confía en su intuición, saltársela a la torera, desmelenarse, trascender y hacer magia.

 

Conocedores de la norma, de la partitura, de la convención se permitían, con la seguridad del que controla el tempo y confía en su intuición, saltársela a la torera, desmelenarse, trascender y hacer magia.

JAIME MASSIEU

Porque Reflexion es magia, a veces blanca y luminosa, a veces oscura y densa, pero magia al fin y al cabo. En Reflexion suena un réquiem que pone sonido a lo que no tiene respuesta, un interludio que no divide sino que cierra, un Domingo que no es primero sino último… 11 piezas cuyos títulos ya evidencian cierta osadía, cierta intención de mezclar y reinventar: Destino Habana, vitalista y, al mismo tiempo, nostálgica; Al final del día, que empieza renqueante y culmina en una clamorosa explosión; Lucerías, tan racial y apasionada, Brooklyn Blues, que nos traslada a la nocturna y musical Gran Manzana, la magnética Casi naranja o la inconmensurable Pop Destroyed.  

Pero como yo no tengo ni idea de jazz, soy una absoluta analfabeta y si me sacáis de los cuatro nombres que me tienen que sonar porque habito en el planeta Tierra y tengo contacto con otros seres que respiran ya me pierdo, lo mejor es que lo degustéis vosotros y, si tenéis la ocasión, lo presenciéis para compartir el trance y después… hacer vuestra propia reflexión.

JAIME MASSIEU

Fotografías: Jaime Massieu, José Andrade y Bogui Club

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