Burial – “Rival Dealer”, el esplendor de la decadencia

Burial

2006 fue probablemente el mejor año de la electrónica en este siglo XXI. En aquel año, dos terremotos con epicentro en las islas británicas sacudieron los cimientos de la música en particular y la cultura en general. El primero fue James Holden, un joven de 27 años que con su primer álbum “The idiots are winning” se empecinó en romper con todos los preceptos de la electrónica sin caer en la trampa del Autechre post “Confield”, erigiendo un monumento a la vanguardia con muros de sonidos inauditos y melodías que se retorcían en un éter de fractales cubistas con la elasticidad de una goma de mascar. Fue un hito que destrozó las certidumbres que seguía la electrónica para descubrirnos nuevos horizontes sonoros e interrogarnos acerca de la naturaleza misma de la música.

El otro puñetazo en la mesa vino con Burial y su “Untitled”. Burial es un enigmático ser que no concede entrevistas ni da conciertos. No existe en una esfera mediática musical. Es el Terrence Malick de la electrónica. Suficiente elocuencia hay en sus canciones. “Untitled” puso a la crítica a sus pies por la increíble frescura que desprendían sus temas y su enfoque furiosamente posmoderno, dando la espalda a las reglas formales que enclaustraban a la música (electrónica o no) en una zona de confort que ya, según él, empezaba a oler a viciado.

Tras “Untitled” vino “Untrue” en 2007, a juicio del abajo firmante su mejor disco, otro meteorito (por extraterrestre y potencialmente destructivo) que elevó a Burial a los altares del género, deleitándonos de nuevo con su música oscura, de ruidos y texturas. Tras innumerables EP’s y colaboraciones (sobre todo con su amigo Four Tet, del que dicen las malas lenguas que Burial es su álter ego), en diciembre de 2013 el inglés publica “Rival Dealer”, el que es sin duda otra vuelta de tuerca más a la cosmología Burial, “experimentando” con melodías de aire melodramático de cuño más moderno y convencional, pero con el sabor inconfundible del que no se conforma con repetir lo establecido.Y es que “Rival Dealer” es un compendio de las filias de Burial con ciertos aderezos poperos que dan como resultado un dechado de asincronías metafísicas y técnicas.

En “Rival Dealer”, el primer tema, encontramos al Burial más sorprendente de su corta pero enorme trayectoria. Juega con elementos beat para ponernos fuera de juego, desmarcándose del 2step al que nos tenía acostumbrados. “Hiders” y “Come Down to us” son los dos temas que completan el disco, dos dechados de pura melancolía con una rendija abierta al optimismo. ¿Es el EP más luminoso de Burial? Me atrevería a decir que sí, pero, como toda obra de un maestro, nada es blanco o negro.

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En este “Rival Dealer” encontramos las señas de identidad de Burial en un contexto completamente nuevo y experimental. Hay melancolía, luz y frenesí en sus temas, pero hay algo que inquieta. Todo es sinestesia pura, son canciones preñadas de texturas que se pueden tocar, es grasa, noche, neones que titilan con el sonido de neumáticos rodando sobre el asfalto de fondo. Como el “Nighthawk” de Tom Hopper con un halo de bruma, perdiéndose en los estertores de la noche londinense. Me conmueve “Rival Dealer” porque deja al final un poso de inquietud, de signo de interrogación ante la incertidumbre que viene después. A veces pienso que moriremos y no quedará nada, y Burial estará ahí para demostrarlo. Mejor dicho, no estará ahí porque es una figura etérea, sin forma alguna, que muta, que se desvanece o se pudre, como prefieras llamarlo. ¿Recuerdas cuando grababas en esas cintas en VHS sobre otra cosa, se cortaba la grabación y la cinta hacía esa transición de interferencias hasta desembocar en lo que había anteriormente grabado?

Eso es Burial. Es pura transición, es un final en falso, es el modernismo visto desde el éter, lo que morirá entre nosotros. Burial es un pensamiento tan azaroso como primario. Es la base de una nueva pirámide de Maslow. Es música para hacer el amor con desesperanza, es desdicha, es un fallo, música orgánica y errática, que enturbia su discurso estético hasta lo verdaderamente intransitivo (por favor, los últimos minutos de “Come down to us”). Moriremos y la música de Burial seguirá vigente. Escucharemos sus voces, sus melodías languidecientes, su mirada hacia atrás con ira. Su muerte en vida.

Escrito el [ssba]
  • Jon Rivero

    Un grupo de sensaciones, texturas, emociones, ambientes. Gigantes

    • Pedro Terrero

      Jon, tú me descubriste a este personaje. Estaba en Kioto agotado tras un día caminando y al encender el wifi en el móvil me encontré “Archangel” en un mensaje tuyo del Whatsapp. No se me ocurre momento ni lugar más idóneos para conocer a Burial. Gracias.