Ajuste de cuentas con el universo entero en ‘Estridente y dulce’, de Adam Thirlwell

Una ciudad sin nombre es el escenario para narrar la tragicómica caída de un treintañero en la tercera novela de Adam Thirlwell (Londres, 1978), Estridente y dulce, una lucha contra el universo ensanchando a codazos los límites morales a pesar de las consecuencias y de que todo tiene un precio.

Gran Bretaña es hoy la tierra del Brexit, de la autoexclusión, o quizá de la exclusion del resto del mundo. El continente aislado por la niebla y todo eso. La literatura británica ha glosado a la perfección estos cambios de humor y ya ha advertido de que la supuesta templanza no es mas que una máscara. De ahí que sea tan aficionada a la sátira descarnada para buscar un sentido a lo que ocurre en el país, con Brexit o sin él. Ejemplos hay de sobra, como se puede ver en escritores reconocidos como Martin Amis y su obra Lionel Asbo. El estado de Inglaterra, por citar solo uno de ellos.

Adam Thirlwell (Londres. 1978) recurre también a la sátira, aunque solo sea un elemento de su tercera novela Estridente y dulce (Editorial Anagrama). Un hombre, cuyo nombre no revela y que ronda la treintena, se despierta un buen día en una habitación de hotel de los suburbios de una gran ciudad junto a una amiga tanto de él como de su mujer, y que está inconsciente y sangrando. A partir de ahí se disparan los dilemas morales que jalonan toda la novela y que trata de resolver el protagonista en un mundo que exige un duelo entre la realidad y el idealismo. “Incluso si uno se siente confuso y triste hay que seguir adelante”, explica en el cuaderno que se abre con esta historia de sangre que empieza a derrumbar lo que él llama sus ‘categorías morales’.

Dilemas morales que jalonan toda la novela y que trata de resolver el protagonista en un mundo que exige un duelo entre la realidad y el idealismo

Comienza así una historia mínima, con un narrador que divaga sobre el mundo que le rodea. ¿Y qué es exactamente lo que le rodea? Drogas, sexo, infidelidades, amor, familia y una incipiente carrera como delincuente. Thirlwell presenta a su héroe con todo el bagaje de la generación consentida. Vive con su mujer en casa de sus padres; deja el trabajo en busca de un impulso artístico que nunca llega; lleva a vivir con su familia a un amigo, Hiro, cuyo cinismo es aún mayor que el suyo; no gana dinero y tiene que buscarlo en la calle.

En la construcción de su propio mundo, el narrador trata de adaptar los sucesos que ocurren a sus propias categorías, un error cuyas consecuencias acepta sin rechistar. Lo importante, como él mismo dice, es mantener las reglas vitales. Las historias empiezan con un ligero suceso que modifica el contexto, y el destino se encarga de lo demás. “Digo destino -explica el protagonista- pero lo que quiero decir en realidad es absoluta injusticia y gente molida a palos tanto si lo merece como si no”. Y así es cómo cree que funciona el universo, al que define como “un psicópata y un matón con garras y guantes de boxeo y demás artilugios que pueda considerar útiles para moler a la gente a palos”, añade.

“Digo destino -explica el protagonista- pero lo que quiero decir en realidad es absoluta injusticia y gente molida a palos tanto si lo merece como si no”

Entronca así con la cita de Knut Hamsun -¿Por qué debería ser yo el conejillo de indias de los caprichos del destino?, se pregunta en ella el controvertido escritor noruego- con la que inicia su larga perorata de casi 400 páginas con un asombrosa destreza para analizar cada una de las innumerables aristas de su pensamiento, así esté buscando alternativas financieras para su vacío bolsillo o esté con la cabeza entre los muslos de su amante mientras su mujer les observa complacida en el marco de una orgía.

Thirlwell, el enésimo ‘enfant terrible’ de la literatura británica, presenta en España su tercera novela, después de estar en dos ocasiones en la lista de jóvenes valores de la revista Granta, la primera de ellas cuando aún no había publicado. En sus intervenciones públicas cita a Marcel Proust, la incertidumbre de los treintañeros, y su amor por la literatura latinoamericana, a la que homenajea en la novela con su alusión a Vicente Huidobro.

El autor ofrece el retrato de hombre plagado de incertidumbres por un presente que no casa con su idealismo y que asimila su caída libre con resignación, pues todos reclaman su justa venganza. Quizá no sea el estado de Inglaterra, claro, pero sí una muestra de la literatura de la era Brexit.

El autor ofrece el retrato de hombre plagado de incertidumbres por un presente que no casa con su idealismo 

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