Guillermo del Toro: “Lo más triste en este mundo es un director domesticado”

El auditorio se puso en pie con una cerrada ovación al finalizar la masterclass del cineasta Guillermo del Toro y este respondió: “¡Viva Málaga cabrones!”. Ocurrió en el Festival de Málaga de Cine en Español, donde durante la hora y media previa el oscarizado director mexicano (tres términos que últimamente están muy ligados) explicó su visión del cine, su amor a lo extraño, su amor al amor, sus directores de referencia y las claves de su cine. Detalló lo que para él es un cineasta, “alguien que va a narrar algo que se sostiene por sí mismo”; y la importancia de saltarse la norma, porque “lo más triste en este mundo es un director domesticado”. Gafas gruesas, chupa de cuero, canas al ritmo de sus más de 50 años y enormes zapatillas se pusieron en marcha en una conversación con Antonio Trashorras, productor, guionista y crítico, autor del libro Del Toro por Del Toro, en la que se habló sobre todo de magia: “El cine no es química, sino alquimia”, dijo el director.

Se divirtió el director, y mucho, con las traducciones en España  de los títulos de las películas americanas: “¿Como se llama aquí The searchers?” “Se llama Centauros del desierto”, respondía Trashorras, “¡¡¡Centauros del desierto!!! jajaja”. “¿Y cómo se llama The old dark house?”; “Se llama El caserón de las sombras”, “Ándale cabrón, jajaja”. Y así. 

La trayectoria cinematográfica  de Del Toro partió, tras una serie de cortos, de Cronos, un soberbio ejercicio sobre los elementos que marcarán su cine hasta, nueve películas después, sorprender con La forma del agua, que triunfó en la última edición de los Óscar. Del Toro es un director con gran capacidad para trasmitir cómo es su cine y los motivos que llevan a él. No es fácil, pues como él mismo dice, “lo que nos hace sentir el cine no lo podemos expresar con palabras.”

“Lo que nos hace sentir el cine no lo podemos expresar con palabras”, dice el director mexicano

Son las imágenes que juegan con los recuerdos que el espectador tiene fijados en la memoria, que las reconoce aunque no sepa explicar por qué. “No es una suma de imágenes, sino una multiplicación de símbolos”, explicó Del Toro. 

Así, la película juega con todos los detalles para construir una historia y una personaje. Citó la cinta de Michael Mann Heat -también preguntó cómo se llama Heat en España, pero en este caso se llevó un chasco pues Heat es simplemente Heat-, cómo se utiliza un ambiente frío de secuencias largas para describir la vida de los personajes frente al montaje endiablado de los atracos. Todo ello para decir que “los personajes cuando no están robado no están viviendo”. 

Él mismo sigue la técnica de construir un personaje escribiendo ocho folios de biografía en los que cuenta su vida entera desde el momento en que nace, qué música escucha, qué lee, qué hace en su tiempo libre y todo ello se lo entrega al actor y a los encargados de vestuario. Y es ahí dónde se construye al personaje, aunque no se hable de estos detalles en el guion, están ahí, lo hacen creíble. “No podemos escribir nada en el guion que no podamos comprobar”, subrayó para poner de manifiesto las diferencias entre las formas de narrar del cine y la literatura, porque en aquél “la ambigüedad de la palabra no existe”. 

Y en las películas, prosiguió Del Toro, “hay claves audiovisuales que, aunque no las puedas articular, las entiendes”, y eso se consigue porque el cine es “una fuente de imágenes inagotable”. Todo está en la pantalla, “lo que se codifica en una película la gente no lo nota la primera vez que lo ve, pero lo reconoce”. 

 “Hay claves audiovisuales que, aunque no las puedas articular, las entiendes”, y eso se consigue porque el cine es “una fuente de imágenes inagotable”

Todo lo que está en el guion pasa al storyboard, de ahí al rodaje y luego al montaje. ¿Siempre? No, no siempre. Existe lo imprevisto, el accidente, o lo que es lo mismo, una gran oportunidad para encontrar nuevos caminos. “El verdadero director es quien puede orquestar un accidente”, aquel que aprovecha que “cuando pasa algo, puede ser mejor”. ¿Sabía siempre Stanley Kubrick lo que iba a pasar en Eyes wide shut? le preguntó en un ocasión Del Toro al actor protagonista de la cinta, Tom Cruise. “A veces no”, le respondió. Kubrick estaba ahí, agazapado, esperando que apareciese algo, lo que fuera, pero mejor de lo esperado. Y eso mismo le ocurrió a Del Toro en La forma del agua o El espinazo del diablo. Conclusión: “Detrás de cada accidente hay una oportunidad”. 

El cine de Del Toro tiene un toque artesanal -“me gusta que las películas se sientan hechas a mano, la teatralidad de la construcción”-, es heredero de lo que el director aprende -“Donde sea que estés hay algo que observar”- y aprovecha cualquier pormenor para narrar –“lo que haces es mentir con detalles”-. Así se consigue que “lo inexplicable pero que tiene coherencia, se entienda”. 

Guillermo del Toro se ha labrado la imagen de ser uno de los directores más personales del cine fantástico, donde su atracción por los monstruos es tal que él no teme caer en  el ridículo. “Si temes al ridículo nunca reconocerás lo sublime”, afirmó antes de defender lo raro, porque “un defecto es una virtud mal mirada”. Esta idea tiene mucho que ver con el camino que hay que tomar, si es el del director domesticado que sigue las pautas establecidas o si es el que hace justo lo que le dicen que evite. No hay dudas de cuál de los caminos ha tomado Del Toro, que entre otras cosas muestra una aversión a rodar publicidad. 

Del Toro defiende lo raro porque “un defecto es una virtud mal mirada”

Recuerda como los mandamases del cine trataban sin éxito de domesticar a George Miller o cómo un ya maduro Martin Scorsese se arriesgó al ridículo en El Lobo de Wall Street. Al final, se puede fracasar. Pero tampoco hay que hundirse, pues “el éxito puede desnortarte”, mientras que una de las virtudes de un director “es hacer las paces con el fracaso”. 

Y a todo esto , “¿Cómo se llama en España The Blues Brothers?”. “Se llama Granujas a todo ritmo”. Y el corpachón entero de Guillermo del Toro, este mexicano que tanto ha hecho por el cine fantástico y uno de los mejores intérpretes de la conexión de España con América, se echa a reír. “Granujas a todo ritmo”, repite como un niño al que la misma broma le hace disfrutar una y otra vez. 

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